12/12/2019
¡¡¡Ummmmm!!!!
Jueves...
¡¡¡¡Yuuupie!!!
Cuanto tiempo sin mazmorrita. Pero, claro, mi Amo últimamente por "motivos de logística", que El llama, le va mejor acudir a la habitación fría e impersonal de un hotel.
Pero, que le vamos a hacer, mi Amo es el que manda. Como dice Miss Àngels, "haber escogido el otro rol". Así que... no me puedo quejar. Sería un sacrilegio el hacerlo siendo yo la que ha escogido ser su esclava, nadie me ha obligado. ;)
Ser sumisa es un despertar, no una carrera de 100m con obstáculos que cuando llega a la meta dice "lo logré". Ser sumisa es un sentir que aflora (aunque muchas veces lleva su tiempo el sentir esta llamada).
En cuanto conocí a mi Amo barrunté que brotaba en mí ese sentir. El sentir de que me dominen, me manden, me ordenen, me castiguen, de servirle y obedecerle. Mi legado... hacerle feliz..
Aunque siempre me gusta no perder ese toque de elegancia, erotismo y seducción que llevo innato. Sucia perra objeto de mierda de mi Amo... pero con clase .
Debo ser una Geisha con la que conversar, debatir, aprender, compartir, sonreír, disfrutar....
Mi Amo debe de ser un artista, que me va creando y moldeando y...como tal...no está completo sin su obra, sin su musa.
¿Qué es un Amo sin su esclava?
Dejaría de ser Amo para ser un simple dominante.
Recojo a mi Amo cerquita del metro de Marina. "En el mismo sitio y a la misma hora", como dice la canción. Puntual como un reloj suizo, no podía ser menos de una esclavita como yo ni de un Amo que se precie y se haga respetar.
Se acerca a mi ventana (yo nada más verlo ya la bajé por si mi Amo deseaba que le lamiera la mano antes de acceder al vehículo. Pero...no....no me acercó su mano si no su boca. Me introdujo su lengua hasta lo más hondo de mi garganta. Follando mi boca sin molestarse en absoluto por si alguien nos miraba. Yo sufría porque es un sitio de mucho paso de gente de mi trabajo, pero....que más da...eso era lo que deseaba mi Amo y eso era lo que iba a obtener..
Seguidamente accedió al sitio del acompañante para que su sumisa le hiciera de chofer como siempre.
Llegamos un ratito antes y tomamos una cervecita tranquilamente. le pregunté si me podía pedir unas patatas ya que yo no había comido, me dijo que sí, que me daba permiso pero como me estaba hablando me supo mal interrumpirle y obvié el solicitarlas a la camarera para no molestar en su conversación.
Fuimos ya rapidito a la mazmorra y nos abrió la amable M. Àngels, siempre dulce y cariñosa.
Pasé a la Naked Fetish Room con mis zapatitos de tacón nuevos y un collar de piel negro que apretaba mi cuello con una gran hebilla plateada emulando a la de un cinturón. Mientras tanto, mi Amo, escogía los artículos de tortura que iba a utilizar sobre mi cuerpo.
Miss entró un par de veces a la sala mientras yo me despojaba de mi ropa, como si fuera su casa (bueno, en realidad lo és pero...es una violación a mi pequeña intimidad). Creo que al final ya me iré acostumbrando, al menos es una chica.
Cuando mi Amo entró me pidió que me dejara sólo los zapatos puestos. Me acabé de desnudar. Me despojé de toda mi ropa, incluida la ropa interior (me había puesto el sujetador de nuestra primera vez. Me lo he puesto un par de veces más desde aquel día.. me trae muy buenos recuerdos). Bueno, de toda no, el tanguita de encaje me lo dejé puesto.
Me coloqué de nuevo los zapatos que se abrochaban con cremallera por detrás. Me puse algo fácil para no perder tiempo en abrochar y desabrochar. No me gusta perder ni un sólo segundo cuando estoy a disposición de mi Amo.
Llevaba aún el collar de cuero puesto cuando mi Amo se acercó para besarme y decirme lo mucho que me deseaba. Mi Amo siempre es muy cariñoso conmigo en primera instancia, luego cuando se va calentando...la cosa cambia. Se vuelve duro, salvaje y algo agresivo, cosa que a mi me encanta. Haga lo que me haga mi Dueño...me colma de felicidad. Cualquier momento que me dedique es "Gloria" para mí y le agradezco cada uno de los ratitos que me dedica.
¿Qué mayor placer para una esclava que su Amo gaste su preciado tiempo en verle, hablarle o castigarle?
Por que yo nací para complacerle, nacida con ese maravilloso instinto de servirle.
Mi doma, es un yugo placentero
Sus fetichismos, un sin fín de placeres
Bondage, con esas cuerdas caprichosas con las que me amarra.
Los cigarros, marcas de placer...
Las pinzas, prisión de mis pasiones...
Sus azotes, marcas de lujuria....
Sumisión, sensaciones, emociones a flor de piel, todos mis sentimientos encadenados por un sólo sentir....
El sentir de "que le pertenezco".
Me acercó al lado de una columna y me dio lo que dijo que su perrita merecía. Me estuvo masturbando hasta que dejé mi marca. Chorreando, con el tanga empapado en jugos que surgieron a presión de mi interior.
Me ordenó que me cambiara el collar por el mío de esclava de verdad.
Hace tiempo me prometió un collar, el que demostraría que ya he llegado a ser la esclava que Él siempre ha deseado.
Aún no soy digna de llevar ese precioso collar que me fue prometido hace mucho tiempo. Aún no soy una buena sumisa. No lo merezco. Y lo entiendo. Seguiré esperando a cuando mi Amo crea oportuno.
Me ató las manos con dos muñequeras de piel que enganchó con un mosquetón a la polea donde hacía tan sólo unos segundos había estado colgado el columpio en forma de silla.
¡¡¡Ummmmm!!!!
Jueves...
¡¡¡¡Yuuupie!!!
Cuanto tiempo sin mazmorrita. Pero, claro, mi Amo últimamente por "motivos de logística", que El llama, le va mejor acudir a la habitación fría e impersonal de un hotel.
Pero, que le vamos a hacer, mi Amo es el que manda. Como dice Miss Àngels, "haber escogido el otro rol". Así que... no me puedo quejar. Sería un sacrilegio el hacerlo siendo yo la que ha escogido ser su esclava, nadie me ha obligado. ;)
Ser sumisa es un despertar, no una carrera de 100m con obstáculos que cuando llega a la meta dice "lo logré". Ser sumisa es un sentir que aflora (aunque muchas veces lleva su tiempo el sentir esta llamada). En cuanto conocí a mi Amo barrunté que brotaba en mí ese sentir. El sentir de que me dominen, me manden, me ordenen, me castiguen, de servirle y obedecerle. Mi legado... hacerle feliz..
Aunque siempre me gusta no perder ese toque de elegancia, erotismo y seducción que llevo innato. Sucia perra objeto de mierda de mi Amo... pero con clase .
Debo ser una Geisha con la que conversar, debatir, aprender, compartir, sonreír, disfrutar....
Mi Amo debe de ser un artista, que me va creando y moldeando y...como tal...no está completo sin su obra, sin su musa.
¿Qué es un Amo sin su esclava?
Dejaría de ser Amo para ser un simple dominante.
Recojo a mi Amo cerquita del metro de Marina. "En el mismo sitio y a la misma hora", como dice la canción. Puntual como un reloj suizo, no podía ser menos de una esclavita como yo ni de un Amo que se precie y se haga respetar.
Se acerca a mi ventana (yo nada más verlo ya la bajé por si mi Amo deseaba que le lamiera la mano antes de acceder al vehículo. Pero...no....no me acercó su mano si no su boca. Me introdujo su lengua hasta lo más hondo de mi garganta. Follando mi boca sin molestarse en absoluto por si alguien nos miraba. Yo sufría porque es un sitio de mucho paso de gente de mi trabajo, pero....que más da...eso era lo que deseaba mi Amo y eso era lo que iba a obtener..
Seguidamente accedió al sitio del acompañante para que su sumisa le hiciera de chofer como siempre.
Llegamos un ratito antes y tomamos una cervecita tranquilamente. le pregunté si me podía pedir unas patatas ya que yo no había comido, me dijo que sí, que me daba permiso pero como me estaba hablando me supo mal interrumpirle y obvié el solicitarlas a la camarera para no molestar en su conversación.
Fuimos ya rapidito a la mazmorra y nos abrió la amable M. Àngels, siempre dulce y cariñosa.
Pasé a la Naked Fetish Room con mis zapatitos de tacón nuevos y un collar de piel negro que apretaba mi cuello con una gran hebilla plateada emulando a la de un cinturón. Mientras tanto, mi Amo, escogía los artículos de tortura que iba a utilizar sobre mi cuerpo.
Miss entró un par de veces a la sala mientras yo me despojaba de mi ropa, como si fuera su casa (bueno, en realidad lo és pero...es una violación a mi pequeña intimidad). Creo que al final ya me iré acostumbrando, al menos es una chica.
Cuando mi Amo entró me pidió que me dejara sólo los zapatos puestos. Me acabé de desnudar. Me despojé de toda mi ropa, incluida la ropa interior (me había puesto el sujetador de nuestra primera vez. Me lo he puesto un par de veces más desde aquel día.. me trae muy buenos recuerdos). Bueno, de toda no, el tanguita de encaje me lo dejé puesto.
Me coloqué de nuevo los zapatos que se abrochaban con cremallera por detrás. Me puse algo fácil para no perder tiempo en abrochar y desabrochar. No me gusta perder ni un sólo segundo cuando estoy a disposición de mi Amo.
Llevaba aún el collar de cuero puesto cuando mi Amo se acercó para besarme y decirme lo mucho que me deseaba. Mi Amo siempre es muy cariñoso conmigo en primera instancia, luego cuando se va calentando...la cosa cambia. Se vuelve duro, salvaje y algo agresivo, cosa que a mi me encanta. Haga lo que me haga mi Dueño...me colma de felicidad. Cualquier momento que me dedique es "Gloria" para mí y le agradezco cada uno de los ratitos que me dedica.
¿Qué mayor placer para una esclava que su Amo gaste su preciado tiempo en verle, hablarle o castigarle?
Por que yo nací para complacerle, nacida con ese maravilloso instinto de servirle.
Mi doma, es un yugo placentero
Sus fetichismos, un sin fín de placeres
Bondage, con esas cuerdas caprichosas con las que me amarra.
Los cigarros, marcas de placer...
Las pinzas, prisión de mis pasiones...
Sus azotes, marcas de lujuria....
Sumisión, sensaciones, emociones a flor de piel, todos mis sentimientos encadenados por un sólo sentir....
El sentir de "que le pertenezco".
Me acercó al lado de una columna y me dio lo que dijo que su perrita merecía. Me estuvo masturbando hasta que dejé mi marca. Chorreando, con el tanga empapado en jugos que surgieron a presión de mi interior.
Me ordenó que me cambiara el collar por el mío de esclava de verdad.
Hace tiempo me prometió un collar, el que demostraría que ya he llegado a ser la esclava que Él siempre ha deseado.
Aún no soy digna de llevar ese precioso collar que me fue prometido hace mucho tiempo. Aún no soy una buena sumisa. No lo merezco. Y lo entiendo. Seguiré esperando a cuando mi Amo crea oportuno.
El collar, al menos para una esclava como yo, es la mejor
joya que podría lucir. La más valiosa y la más preciada…aunque fuera de
hojalata…o de papel. Es un símbolo externo de lo que soy, de lo que siento, de
lo que vivo…y de lo que sueño llegar a ser. Es una señal luminosa que le dice
al mundo: tengo Dueño, le pertenezco a Él y a nadie más que a Él y si me lo
quitan, estoy desnuda. Nada más.
Mi collar, el de verdad, lo llevo grabado a fuego desde el
momento en que Sus labios tocaron los míos por primera vez. Desde que me perdí
en Sus ojos escuchándole hablar y hablar y hablar durante horas al poco de conocernos, y fue capaz de mantenerme calladita todo ese tiempo…desde luego, muy
pero que muy pocas personas han conseguido eso (con lo que a mí me gusta hablar).
Desde que de rodillas en el
suelo, muy cerquita de mi Amo, pronuncié las palabras mágicas que me convirtieron en una aprendiz de esclavita. Aquel escrito que le hice un día confirmando lo que los dos ya sabíamos. Y Él, rubricó esas palabras con Su cinturón.
¿Deseo ese collar físico?
¡SI! ¡Con todas mis fuerzas!
Sí, pero sólo por el placer de llevar algo Suyo alrededor de mi cuello, sólo por sentir Sus manos al ponerlo, sólo por presumir de una preciosa joya de valor sentimental incalculable, y si llegara el día en que fuera digna de llevarlo, lo honraría y luciría frente a todo y a todos.
¿Lo necesito?
¡No! Porque el que llevo dentro en mi alma, nadie me lo podrá quitar.
¡SI! ¡Con todas mis fuerzas!
Sí, pero sólo por el placer de llevar algo Suyo alrededor de mi cuello, sólo por sentir Sus manos al ponerlo, sólo por presumir de una preciosa joya de valor sentimental incalculable, y si llegara el día en que fuera digna de llevarlo, lo honraría y luciría frente a todo y a todos.
¿Lo necesito?
¡No! Porque el que llevo dentro en mi alma, nadie me lo podrá quitar.
Llevar un collar no te convierte en mejor. No aumenta tu
entrega. No potencia tus sentimientos. No te convence aún más de cual es tu
lugar en el mundo.
No hay collar más grande,
más maravilloso y más auténtico para una humilde esclavita, que el hecho de que
mis rodillas se doblen por impulso y mi cabeza se incline por necesidad. No hay
collar más hermoso que el oír de labios de mi Señor: “me sirves bien, esclavita Pam”.
Me puse el collar de frío acero y me despojé del tanga, sabiendo ya que no me podría volver a poner, estaba empapado. Otro día más que me tendría que ir sin ropita interior a casa.
No me fijé en que objetos de castigo habían sido los agraciados en la selección de mi Amo para azotar mi cuerpo.
La bajó para que tuviera mejor acceso y me pidió que cerrara los ojos. Mi Amo ya casi desde el principio no me venda la mirada porque sabe que a su perrita obediente ni se le pasaría por la cabeza abrirlos por temor a las reprimendas en forma de látigo que recibiría.
Empezó a azotar mi cuerpo, aún no se bien con que fue. Yo diría que era un paleta de goma pero...no lo puedo confirmar. La espalda, mis pechos. Al principio siempre intento reprimir mis quejidos pero llegó un momento en el que ya el cuerpo necesita liberarse del dolor en forma de dulces alaridos que fueron aumentando en función de la fuerza de los golpes.
Me insultó, me llamo perra...
Ummmmm, como me pone que mi Amo me ataque con improperios varios.
Siguió infringiendo castigos a mi cuerpo, cada vez más fuertes, yo seguía con los ojos cerrados pero con la mente abierta y despejada intentando descifrar cual era el artilugio que estaba azotando mi cuerpo pero...a día de hoy... aún no lo he podido adivinar.
Mi Amo me escupió en la cara y me dijo que abriera los ojos. Me siguió escupiendo y me obligó a abrir la boca para inundarla con sus escupitajos. Yo la cerré y giré la cara y se enfadó mucho conmigo por desobedecerle, pero, fue un acto reflejo, no lo pude evitar. No fue un acto de desobediencia consciente. Mi Amo fue el que me hizo tomar conciencia del bofetón que me dio.
Siguió abofeteándome y abrí mi boca todo lo máximo que pude para dejarle acceso directo a mi garganta.
Me hizo levantarme y descolgar la silla. Por un momento pensé que no podría yo sola porque tenía pinta de pesar súper mucho. Pero...¿para que tiene mi Amo una esclava vikinga si no es capaz de realizar trabajos duros?
Obedecí y baje la silla sin un excesivo esfuerzo, tengo que reconocer. Mientras tanto, mi Señor cogió una bola roja y me la introdujo en la boca, apretando para metérmela bien adentro. Mi boca empezó a salivar sin parar. Se me inundaba hasta tal extremo que empezó a desbordar por los extremos sin remedio.
Me ató las manos con dos muñequeras de piel que enganchó con un mosquetón a la polea donde hacía tan sólo unos segundos había estado colgado el columpio en forma de silla.
Me subió hasta que mis pies casi no tocaban el suelo.
Ésta vez si que supe que fue lo que cogió para castigarme. Me hacía mantener los ojos cerrados todavía mientras oía el chasquido del látigo frente a mí.
Me pone muy nerviosa y, lo tengo que reconocer, me da un poco de respeto y me recorre un cosquilleo todo el cuerpo a la vez que me entra esa risita tonta entre miedo y desesperación.
Empiezo a decir "No, no, no" y a moverme y retorcerme como una serpiente a la vez que comienzo a dar saltitos.
Intento persuadir a mi Amo para que no empiece con el látigo, pero, no tendría que teñir esas dos horas que compartimos en la mazmorra con cositas de niña pequeña. Soy lo suficientemente madura para entender que no hay "Amos Azules". Es algo que no lo puedo evitar en una primera instancia pero enseguida reacciono como lo que soy, una mujer hecha y derecha y dejo de quejarme y suplicar.
Los primeros latigazos me fueron infringidos en mi grande espalda. Es el lugar donde más me gusta que me azoten. A mi Amo también le gusta la amplitud y fortaleza de ella. Ancha para aguantar todo lo que mi Señor desee hacerme. Los latigazos empiezan a bajar sobre mis piernas. Algún grito que otro se me escapa. La punta del látigo alcanza entonces debajo de mis costillas. El escozor se hace latente, me quejo de nuevo con contundencia pero brevemente. Mi Dueño se distrae un tiempo más en mi cuerpo, marcándolo con suaves líneas rojas.
Me deja descansar un muy breve periodo de tiempo mientras se enciende un cigarrillo.
¡Oh, no!
No soporto para nada el olor a tabaco.
Mi Amo lo sabe y se acerca echándome una blanca masa flotante de humo sobre mi cara. Empiezo a toser. La bola roja no me facilita la respiración. Intento zafar mi nariz de su rostro pero me vierte otra bocanada de niebla asfixiante. Como odio que me haga ésto. Prefiero mil veces que deposite su cigarro sobre mi piel que su boca llena de humo cerca de mí.
Apoyó su cigarrillo sobre mi pecho mientras yo tosía incesantemente. Noté como un pinchazo seguido de otros tantos distribuidos por mi cuerpo que aún pendía de la polea del techo.
Ya casi no notaba las manos, las correas que me sujetaban las muñecas seguían cortando el riego de sangre por mis manos. Las tenía ya entumecidas de tanto rato en aquella posición.
Continuó marcando mis nalgas con la punta ardiendo e incandescente del cigarrillo. Creo que se dedicó a ir puntuando los dos extremos de cada marca de su pincel en forma de látigo que había impreso en mi cuerpo.
De repente.....escozor inmenso en mi pubis me hizo dar un salto y un alarido, en la medida que la mordaza me lo permitió.
Mi Amo estaba ya muy caliente. Su esclava colgada, sufriendo los latigazos, quemazos y ahogos. Todo ello le provocó un subidón de adrenalina que le obligó a follarme como un salvaje.
Se colocó por detrás envistiéndome una y otra vez , fuerte, muy fuerte. Si Él estaba cachondo, yo....estaba que reventaba. Noté como me empezaba a correr sin poder remediarlo. Mi Violador se separó de mí dejando que emanara toda la lava en forma de efluvios que llenaba el interior de mi vagina. Siguió masturbándome. Si Ulises en la Ilíada hubiera visto tal maremoto os aseguro que hubiera huido del mar para siempre.
Noté como mis zapatos se inundaban. Mi Amo seguía achicando fluidos de mi interior. Las piernas me chorreaban, mis pies chapoteaban dentro del calzado. Intentaba sacudirme las zancas. La sensación de sentirme mojada y sucia no es muy de mi agrado, pero, se seguía acumulando todo en el continente de mis pies.
Por si me parecía poco el equilibrio que tenía que mantener, mi Señor decidió quitarme los zapatos. Más difícil todavía.
Me pone muy nerviosa y, lo tengo que reconocer, me da un poco de respeto y me recorre un cosquilleo todo el cuerpo a la vez que me entra esa risita tonta entre miedo y desesperación.
Empiezo a decir "No, no, no" y a moverme y retorcerme como una serpiente a la vez que comienzo a dar saltitos.
Intento persuadir a mi Amo para que no empiece con el látigo, pero, no tendría que teñir esas dos horas que compartimos en la mazmorra con cositas de niña pequeña. Soy lo suficientemente madura para entender que no hay "Amos Azules". Es algo que no lo puedo evitar en una primera instancia pero enseguida reacciono como lo que soy, una mujer hecha y derecha y dejo de quejarme y suplicar.
Los primeros latigazos me fueron infringidos en mi grande espalda. Es el lugar donde más me gusta que me azoten. A mi Amo también le gusta la amplitud y fortaleza de ella. Ancha para aguantar todo lo que mi Señor desee hacerme. Los latigazos empiezan a bajar sobre mis piernas. Algún grito que otro se me escapa. La punta del látigo alcanza entonces debajo de mis costillas. El escozor se hace latente, me quejo de nuevo con contundencia pero brevemente. Mi Dueño se distrae un tiempo más en mi cuerpo, marcándolo con suaves líneas rojas.
Me deja descansar un muy breve periodo de tiempo mientras se enciende un cigarrillo.
¡Oh, no!
No soporto para nada el olor a tabaco.
Mi Amo lo sabe y se acerca echándome una blanca masa flotante de humo sobre mi cara. Empiezo a toser. La bola roja no me facilita la respiración. Intento zafar mi nariz de su rostro pero me vierte otra bocanada de niebla asfixiante. Como odio que me haga ésto. Prefiero mil veces que deposite su cigarro sobre mi piel que su boca llena de humo cerca de mí.
Apoyó su cigarrillo sobre mi pecho mientras yo tosía incesantemente. Noté como un pinchazo seguido de otros tantos distribuidos por mi cuerpo que aún pendía de la polea del techo.
Ya casi no notaba las manos, las correas que me sujetaban las muñecas seguían cortando el riego de sangre por mis manos. Las tenía ya entumecidas de tanto rato en aquella posición.
Continuó marcando mis nalgas con la punta ardiendo e incandescente del cigarrillo. Creo que se dedicó a ir puntuando los dos extremos de cada marca de su pincel en forma de látigo que había impreso en mi cuerpo.
De repente.....escozor inmenso en mi pubis me hizo dar un salto y un alarido, en la medida que la mordaza me lo permitió.
Mi Amo estaba ya muy caliente. Su esclava colgada, sufriendo los latigazos, quemazos y ahogos. Todo ello le provocó un subidón de adrenalina que le obligó a follarme como un salvaje.
Se colocó por detrás envistiéndome una y otra vez , fuerte, muy fuerte. Si Él estaba cachondo, yo....estaba que reventaba. Noté como me empezaba a correr sin poder remediarlo. Mi Violador se separó de mí dejando que emanara toda la lava en forma de efluvios que llenaba el interior de mi vagina. Siguió masturbándome. Si Ulises en la Ilíada hubiera visto tal maremoto os aseguro que hubiera huido del mar para siempre.
Noté como mis zapatos se inundaban. Mi Amo seguía achicando fluidos de mi interior. Las piernas me chorreaban, mis pies chapoteaban dentro del calzado. Intentaba sacudirme las zancas. La sensación de sentirme mojada y sucia no es muy de mi agrado, pero, se seguía acumulando todo en el continente de mis pies.
Por si me parecía poco el equilibrio que tenía que mantener, mi Señor decidió quitarme los zapatos. Más difícil todavía.
Bueno, lo difícil le debió parecer a mi Señor el despojarme del calzado. Su esclavita se lo había puesto fácil pero...ya se encargaría Él de hacerlo complicado. Con la fácil que hubiera sido bajarme sólo la cremallerita de atrás pero...mi Amo decidió desabrochar el precioso nudo de adorno del lateral de los zapatitos. Yo como podía intentaba decirle que tenían cremallera pero....claro.... ¿habéis intentado alguna vez dar indicaciones cuando tu aparato comunicador está ocupado por un gran bola? Difícil, muy difícil, yo sólo balbuceaba no se que tipo de sonidos pero...bueno, puse voluntad, me quedo con eso. La próxima vez intentaré hacerle un plano antes de que me amordace, me ate o me cuelgue. ;)
De repente mi Amo me introdujo uno de los tacones por el coñito.
De repente mi Amo me introdujo uno de los tacones por el coñito.
¡¡¡¡Noooo!!!
¿Quién sabe el tipo de infecciones que puede producir eso?
Me preocupaba más la higiene que el hecho de que me pudiera lastimar con la punta afilada del tacón.
Soy esclavita, no una sucia esclava. Eso equivaldría a "esclava princesita".
Mi Amo se percató de mi incomodidad y no insistió mucho en follarme con el tacón, por suerte. Lanzó los zapatos a un extremo y se apartó de mí.
Por fin mi Señor decidió soltarme. Primero la roja bola que adornaba mi boca. Luego ya me bajó de aquella garrucha. Al desatarme noté como si me arrancaran las dos manos. Yo movía los dedos para quitarme la anquilosidad, pero, aún tardé un rato en recuperar todo el riego sanguíneo que necesitaban mis venas para poder articularlas al 100%.
Estuve un rato agachada intentando aliviar del todo mis manos. Mi Amo fue muy amable, me concedió un par de minutos de libertad antes de pedirme que hiciera la cama.
Me puse de rodillas sobre la sábana ya extendida y empecé a lamer la espalda de mi Señor mientras Él se desprendía de su calzado y sus pantalones. Le encanta que le haga trajes de saliva.
Se puso de pie, se giró y dijo:
-"Ahora premiaré a mi perrita con lo que más le gusta hacer a ella."
Supongo que no es necesario que os recuerde lo que más me gusta en el mundo entero.
Por que...a estas alturas....todos sabéis que lo que más le gusta hacer a su perrita es... "comerle la polla a su Amo".
Se la chupe, se la lamí, la saboreé como nunca.
¡¡¡Cómo la echaba de menos, maldita!!!
Me quedé llena de su sabor, mi Amo preparado ya para lo que viniera.
Me pidió que me pusiera encima y que le cabalgara. Agarró mis pechos y los chupó apretujándolos. Siempre que mi Señor tiene alguna muestra de ese tipo me recuerda que "no es una cosa que los Amos hagan con sus esclavas".
Creo que por fin empiezo a encontrar la postura en la que mejor me puedo mover encima de mi Señor. No es normal que me deje montarle. En casi 3 años que es mi Dueño y Marido creo que es la tercera vez que me lo demanda.
Cuando estoy encima no suelo durar mucho porque a los segundos de empezar a moverme me aturullo por el roce y la excitación y no aguanto sin correrme. Es algo que tengo que empezar a controlar porque a mi Amo no le hace ninguna gracia que me tenga que apartar cada vez que me corro. Pero, es necesario, si no...mi cuerpo explotaría como un géiser.
A la tercera cabalgada, con sus correspondientes manantiales, mi Señor me agarró de las muñecas y me tumbó sobre la cama con contundencia.

Me abofeteó y me escupió en la cara un par de veces.
Yo me aparté en las dos ocasiones pero....menudo cabreo pilló mi Amo.
Me volvió a abofetear.
Agarrándome del cuello me insultó llamándome "puta".
- ¡¡¡Puta zorra, abre de una vez la boca y traga!!!
Me siguió escupiendo mientras soltaba improperios sin parar y yo tragaba sin rechistar. Toda mi cara estaba cubierta de escupitajos de la primeras veces que me aparté.
Me levantó las piernas e introdujo su gran verga en lo más íntimo de mi ser. Al principio me hacía daño, yo ponía mis manos para frenarlo pero, al instante su cara cambió´. Vi reflejada su ira en sus ojos.
-"Eres un puto objeto, no me pongas las manos encima. Te castigaré por ello"
Sus envestidas eran brutales, me dolía pero no podía hacer nada por atorarlo, no si no quería que tomara reprimendas sobre mí.No se pero, contra más me duele, más me gusta, más desconecto de este mundo para introducirme y perderme en el mundo del placer. Me abrió aún más las piernas con los pies mirando hacia Él. Apoyó sus dos brazos sobre ellos y me miró fijamente relamiendo sus labios con un vicio en su mirada que jamás había visto hasta ahora. Me volví a correr sin remedio. Mi Dueño se apartó y de él surgió una fuente termal de leche que cubrió todo mi rostro. Yo con la lengua intentaba que no se me escapara nada pero, no daba a basto para tanto.
Siempre dispuesta a recibir Su néctar como el regalo que es...
Como quiera....
Cuando quiera...
Donde quiera....
Después de tanta tensión y acción mi Amo se me quedó mirando y soltó unas suaves carcajadas con su miembro aún en sus manos.Me encantan esas risas de después de correrse, como si diera a entender que está totalmente satisfecho. Satisfecho del trabajo bien hecho y de haber disfrutado como sólo mi Amo se merece.
Es una sensación de paz, de eterna felicidad que le envuelve de los pies a la cabeza.
Mi Amo ya estaba preparado para el "descanso del guerrero", se acostó y me pidió que me pusiera a su vera.
Como siempre estaba la sábana chorreando, la coloqué bien para que no nos pasaran las humedades, en especial a mi Señor y lo tapé con una toalla de baño.
Cogí la mía y la doblé para usarla como almohada.
Levanté suavemente su cabeza, se la coloqué con cuidado y atusé su cabello con delicadeza.
Por suerte soy una esclavita calurosa y no necesito taparme. Desprendo suficiente calor como para alimentar dos locomotoras de carbón a la vez.
Seguí acariciando su pelo, su cara, su cuerpo. Cubriendo su rostro y pecho con suaves besitos.
Tengo que cuidar de mi Amo, de mi único Amo que ha sido, És y Será.
¿Quién sabe el tipo de infecciones que puede producir eso?
Me preocupaba más la higiene que el hecho de que me pudiera lastimar con la punta afilada del tacón.
Soy esclavita, no una sucia esclava. Eso equivaldría a "esclava princesita".
Mi Amo se percató de mi incomodidad y no insistió mucho en follarme con el tacón, por suerte. Lanzó los zapatos a un extremo y se apartó de mí.
Por fin mi Señor decidió soltarme. Primero la roja bola que adornaba mi boca. Luego ya me bajó de aquella garrucha. Al desatarme noté como si me arrancaran las dos manos. Yo movía los dedos para quitarme la anquilosidad, pero, aún tardé un rato en recuperar todo el riego sanguíneo que necesitaban mis venas para poder articularlas al 100%.Estuve un rato agachada intentando aliviar del todo mis manos. Mi Amo fue muy amable, me concedió un par de minutos de libertad antes de pedirme que hiciera la cama.
Me puse de rodillas sobre la sábana ya extendida y empecé a lamer la espalda de mi Señor mientras Él se desprendía de su calzado y sus pantalones. Le encanta que le haga trajes de saliva.
Se puso de pie, se giró y dijo:
-"Ahora premiaré a mi perrita con lo que más le gusta hacer a ella."
Supongo que no es necesario que os recuerde lo que más me gusta en el mundo entero.
Por que...a estas alturas....todos sabéis que lo que más le gusta hacer a su perrita es... "comerle la polla a su Amo".
Se la chupe, se la lamí, la saboreé como nunca.
¡¡¡Cómo la echaba de menos, maldita!!!
Me quedé llena de su sabor, mi Amo preparado ya para lo que viniera.
Me pidió que me pusiera encima y que le cabalgara. Agarró mis pechos y los chupó apretujándolos. Siempre que mi Señor tiene alguna muestra de ese tipo me recuerda que "no es una cosa que los Amos hagan con sus esclavas".
Creo que por fin empiezo a encontrar la postura en la que mejor me puedo mover encima de mi Señor. No es normal que me deje montarle. En casi 3 años que es mi Dueño y Marido creo que es la tercera vez que me lo demanda.
Cuando estoy encima no suelo durar mucho porque a los segundos de empezar a moverme me aturullo por el roce y la excitación y no aguanto sin correrme. Es algo que tengo que empezar a controlar porque a mi Amo no le hace ninguna gracia que me tenga que apartar cada vez que me corro. Pero, es necesario, si no...mi cuerpo explotaría como un géiser.
A la tercera cabalgada, con sus correspondientes manantiales, mi Señor me agarró de las muñecas y me tumbó sobre la cama con contundencia.

Me abofeteó y me escupió en la cara un par de veces.
Yo me aparté en las dos ocasiones pero....menudo cabreo pilló mi Amo.
Me volvió a abofetear.
Agarrándome del cuello me insultó llamándome "puta".
- ¡¡¡Puta zorra, abre de una vez la boca y traga!!!
Me siguió escupiendo mientras soltaba improperios sin parar y yo tragaba sin rechistar. Toda mi cara estaba cubierta de escupitajos de la primeras veces que me aparté.
Me levantó las piernas e introdujo su gran verga en lo más íntimo de mi ser. Al principio me hacía daño, yo ponía mis manos para frenarlo pero, al instante su cara cambió´. Vi reflejada su ira en sus ojos.
-"Eres un puto objeto, no me pongas las manos encima. Te castigaré por ello"
Sus envestidas eran brutales, me dolía pero no podía hacer nada por atorarlo, no si no quería que tomara reprimendas sobre mí.No se pero, contra más me duele, más me gusta, más desconecto de este mundo para introducirme y perderme en el mundo del placer. Me abrió aún más las piernas con los pies mirando hacia Él. Apoyó sus dos brazos sobre ellos y me miró fijamente relamiendo sus labios con un vicio en su mirada que jamás había visto hasta ahora. Me volví a correr sin remedio. Mi Dueño se apartó y de él surgió una fuente termal de leche que cubrió todo mi rostro. Yo con la lengua intentaba que no se me escapara nada pero, no daba a basto para tanto.
Siempre dispuesta a recibir Su néctar como el regalo que es...
Como quiera....
Cuando quiera...
Donde quiera....
Después de tanta tensión y acción mi Amo se me quedó mirando y soltó unas suaves carcajadas con su miembro aún en sus manos.Me encantan esas risas de después de correrse, como si diera a entender que está totalmente satisfecho. Satisfecho del trabajo bien hecho y de haber disfrutado como sólo mi Amo se merece.
Es una sensación de paz, de eterna felicidad que le envuelve de los pies a la cabeza.
Mi Amo ya estaba preparado para el "descanso del guerrero", se acostó y me pidió que me pusiera a su vera.
Como siempre estaba la sábana chorreando, la coloqué bien para que no nos pasaran las humedades, en especial a mi Señor y lo tapé con una toalla de baño.
Cogí la mía y la doblé para usarla como almohada.
Levanté suavemente su cabeza, se la coloqué con cuidado y atusé su cabello con delicadeza.
Por suerte soy una esclavita calurosa y no necesito taparme. Desprendo suficiente calor como para alimentar dos locomotoras de carbón a la vez.
Seguí acariciando su pelo, su cara, su cuerpo. Cubriendo su rostro y pecho con suaves besitos.
Tengo que cuidar de mi Amo, de mi único Amo que ha sido, És y Será.
Él es mi Señor, mi Amo, el Dueño de mi corazón, mi alma y mi
cuerpo, el Único que conoce cada uno de mis secretos, cada luz y oscuridad, yo
su humilde esclavita, la que se entrega a Él. La que con su guía va creciendo y
aprendiendo a ser una mejor sumisa, a servirle como Él desee, sin importar
cómo cuándo y dónde.
Hasta la próxima, espero que sea prontito...;)





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