21/09/2020
¡¡¡Ummm, juevecito, 21!!!
Por fin mi Amo deseó ver a su esclavita de nuevo y me ordenó hacer una petición a Miss A.
Muy amablemente, como siempre, no tuvo ningún inconveniente en reservarnos.
Después de haber quedado otras dos veces más, de las cuales no he hecho referencia en el blog por motivos que ahora mismo no vienen a cuento, pero que seguramente en algún momento en el que sepa como expresarlo de la manera más dulce y calmada posible, no tengáis ninguna duda de que os haré partícipes. Si no de la sesión en sí.... sí de como se sentía la esclavita en esos momentos.
Ainss...son cosas y sensaciones, momentos y circunstancias de la vida.
A veces me encuentro que no se que escribir, buscando palabras que se puedan comprender sin necesidad de preguntar, pero es tan difícil tratar de mostrar lo que no se puede ver y lo que desearía no pensar. A veces me pregunto si vale la pena escribir estas palabras y mostrarlas. Es un interrogante que hasta a mí me cuesta responder, pero, en fin, sólo espero que por un momento puedas ver donde pocas veces se quiere mirar y sentir como siento.
Aunque, a veces, es mejor vivir sin preguntar porque cada uno tenemos nuestras propias respuestas y por que a veces no hay más ciego que el que no quiere ver.
Lo bueno, aunque no lo plasmara en el blog, es que siempre quedan grabadas nuestras vivencias, sin necesidad de escribirlas. Es la verdadera esencia que nos eleva en esos días malos (que últimamente han habido algún que otro). Son como canciones que se esconden en lo más profundo de nuestra mente, olores, sabores, sensaciones marcadas para siempre. Sentimiento y sensibilidad, noto la caricia y el azote que dejan claro mi sitio.
Cuando siento dentro de mí el placer de servir sexualmente a mi Amo soy la más puta, descarada y viciosa...y la más feliz de las esclavitas.
Es entonces cuando desnudo el alma, la mente, el corazón y los sentimientos.
El hecho de "ser deseada" por mi Amo es algo tan excitante como único, tan increíble como el poder mojarme sin ni siquiera tocarme...
A veces quizás me siento más personita que sumisa y ahí reside mi error para con mi Amo. Pero....aquí sigo...dispuesta a seguir sirviendo a mi Señor. ;)
¿Y como comenzar a servirle mejor que haciéndole de taxista?
Pues sí, a las 15:30 quedamos que le pasaría a buscar por el sitio de siempre más cercano a su casa.
Me impuso que llevara puesto el collar de acero de esclava y que me llevara también la correa de perra y la depositara en el asiento del copiloto.
Iba ya de camino cuando mi Señor me escribió para que le informara de si era posible que llegara a las 15:20.
Le dije que no se preocupara que si no corría más....volaría bajo para llegar a la hora que Él deseara.
Y así fue, su sumisa estaba allí a y 20 en punto.
Se acercó a mi ventana, de lo que yo no me percaté hasta pasado un par de minutos ya que yo lo esperaba ver aparecer por el lugar del acompañante.
De repente me giro y allí estaba mi Amo, de pie junto a mi ventana, esperando que lo localizara y seguramente pensando en lo dispersa que estaba su esclavita.
Ainssss, pobre Amo, que esclavita más despistada escogió para pasar el resto de su Eternidad.
Bajé la ventana y me agarró del cuello, con esa fuerza que tanto le gusta emplear en mi garganta. Se empleó un rato en ella. Me costaba tragar saliva debido a la presión. Finalmente me soltó, dio la vuelta, se introdujo en el vehículo, asió la cadena y se acomodó en el asiento de mi derecha.
Aún no me había puesto en marcha cuando escuché ese amado "click" del cierre del mosquetón de la correa sobre la argolla del collar.
Se dedicó todo el trayecto a ir dirigiéndome a golpe de estirón de correa. Que mal rato pasé pensando que en cualquier momento se me iba a parar la moto de algún conocido al lado y se iba a percatar de como era utilizada por un anónimo desconocido...ese desconocido, el hombre al que amo, mi Amo.
Llegamos al Parking cercano donde suelo estacionar y allí mismo me liberó de la correa antes de que me apeara del vehículo. Me atavié el foulard del cuello de tal manera que ocultara el collar.
Caminamos casi juntos por la calle, yo siempre un par de pasitos por detrás de mi Señor, le debo un respeto. Los zapatitos de tacón que llevaba tampoco me dejaban ir más a prisa por lo que le tuve que pedir a mi Amo que si podía aflojar, por favor, un poco la velocidad de su caminar. A lo que accedió con una sonrisa.
Llegamos a la mazmorra, Él me cogió de nuevo del cuello con tal fortaleza que por un momento sentí como si perdiera un poquito el conocimiento, me llegué a marear pero no le dije nada.
¿Quién era yo para decirle nada de lo que Él deseara hacerme?
Cuando me soltó me aparté un poquito de mi Señor y al abrir la puerta Miss A no me vio y comentó que pensó por un momento que Él había ido solo en esa ocasión.
Mi mente en ese momento empezó a pensar en lo qué haría o no haría mi Amo sin su esclavita en ese suburbio. Él solo...a lo mejor podría ir a hacer un estudio profundo de los adornos y artilugios de esa sala o a escuchar los gritos y súplicas del resto de las salas, o....la verdad es que no se me ocurrieron muchas más cosas que pudiera hacer Él solo.
Después de saludar, entré directa a la sala Berkley, y, como siempre, hizo una incursión en ella Miss A. No se si la excusa esta vez fue traer agua, poner el aire......
Apareció mi Amo a los pocos segundos, esta vez no se distrajo mucho eligiendo sus herramientas de castigo. le ha cogido gustillo a una fusta de gran circunferencia de un material de goma entrelazada con tiras negras y rojas que duele una jartá y...Él...lo sabe.
¡Y...como disfruta usándola sobre mi cuerpo el muy Cabrón!
Dicho instrumento no necesita de mucha fuerza para dejar marcas, marcas moradas que tardan semanas en desaparecer, doy fe.
También hizo uso de una fusta más fina que debe de ser la inseparable hermana pequeña de la anterior porque las últimas 3 veces no ha habido una sin la otra.
Me ordenó que me quitara sólo el vestido negro que cubría mi morena piel y eso hice. Cara al espejo y de espaldas a Él.
Me alegré de que fuera en esa posición porque el conjunto que estrenaba para mi Señor era espectacular por detrás (bajo mi humilde parecer, aunque se que también fue del agrado de mi Amo). La parte de arriba era como toda trenzada con cordones y el tanguita era también de tiras. Me encontraba muy sexi con él.
Mi Amo se acercó por detrás y empezó a besarme el cuello y a acariciar mi cuerpo con ternura.
Es un don que tiene mi Señor. Puede ser tan cariñoso pero a los segundos puede ser el más tosco y bruto de los Amos. En ese momento me hizo sentir que no soy sólo su puta y su perra sino también el amor que necesita y esperaba encontrar.
Me ordenó que me quitara el sujetador y eso hice. Cuando el corazón se acelera...la ropa estorba.
Me exigió que me hiciera dos coletitas mientras Él se quitaba su camiseta y bambas y se tumbaba sobre la cama.
Me quedé un poco perpleja...."sobre la cama", sin la sábana que ponemos siempre y..."en tiempos de Covid 19".
¡¡¡Grrrrr!!!
Que imprudente mi Amo. Con lo maniática que es normalmente su esclavita para todas estas cositas.
En fin....no le iba a decir nada, claro está. Era Su momento y no se lo iba a estropear con el tema de lo pulido o los microbios o la sabanita, llegado el momento ya la colocaría como pudiera.
Me dijo que me colocara encima de Él sin quitarme los zapatos ni el tanguita. Mis pechos quedaron a la altura de su boca. Empezó a apretujarlos, besarlos, lamerlos. Hacía tanto tiempo que no nos veíamos que seguro que los echaba de menos. Tanto de menos como yo a su polla, seguramente.
Me ordenó que me quitara ahora también los zapatos de fino y estilizado tacón que, probablemente, le molestaban a lo largo de sus piernas. Me deshice de ellos delicadamente lanzándolos armoniosamente sobre el suelo en el lateral derecho de la cama.
Mi perrita, me dijo levantando mi rostro por la barbilla para que pudiera verlo directamente a los ojos.
Y eso hice...contemplarlo hasta que....
Ummmm, si la tentación es dulce...imaginaros el pecado. Su cuello a mi entera disposición. Saque mi caliente lengua y le lamí y lamí hasta dejarlo todo ensalivado. Él seguía perdido entre mis turgentes pechos. Oía sus gruñidos salvajes ahogados por mis senos al introducirlos en su boca.
Nos besamos como quinceañeros después de un largo verano sin verse. Lo que se hace con gusto se disfruta sin culpa. Nos besábamos, nos mordíamos, nos deshacíamos en suspiros y caricias.
Me dijo que le tocara el pelo, que lo despeinara, que se lo estirara. Me encantó, yo que siempre voy con cuidadito de no dejarle nada fuera de sitio, de no marcarlo ni dañarlo.
De repente me separó de Él y me abofeteó, me volvió a abofetear repetidas veces. Mis coletas llevaban el ritmo de los guantazos. De un lado al otro se columpiaban sobre mi cara como si de un cortina se tratara.
Me dijo:
-"Zorra, lámeme los pies"
Mi cara debió de ser un poema. Volví a acordarme del maldito "Virus". Los ojos debieron salirse de mis órbitas porque acto seguido mi Amo me mencionó que iba recién duchado y estaba limpio.
Como si yo lo dudara, como si no supiera lo pulcro y limpio que es mi Señor. Pero no era eso...el había pisado descalzo el suelo de la mazmorra y....¿quien sabe los microorganismos que hay sueltos por ahí?
Hice de tripas corazón, no porque me de manía ninguna de las partes del cuerpo de mi Amo si no porque...me paso el día con mascarilla huyendo de bacilos y vacilones y ahora iba a tener que exponer mi vida por un deseo de mi Señorito. Pero...ese era su antojo y mi lugar y deber es el de servirle y complacerle.
y...como dijo el "Principito":
- "No lo entiendas, vívelo".
¡Y ahí estaba yo, su obediente sumisa, viviéndolo!
Sumisa, bella (como me dice mi Amo), entregada a la pasión y la lujuria...
Temo, espero y sonrío al mismo tiempo que me embarga la tranquilidad y... callada pienso:
-"Ordéname mi Amo no me liberes nunca. Quiero sentirme segura a tu lado. Sé que no tengo poder de decisión, pero no me importa porque sé que tu decisión siempre será la correcta. Se que piensas igual que yo porque para Tí, como para mí, todo ésto es un sueño hecho realidad. No me sueltes nunca. No quiero ser de nadie más...sólo quiero ser tuya, te obedeceré en todo, me guste más o me guste menos".
Yo sé que sin disciplina no es posible el control y todo el control se lo cedo a Él, sólo a Él.
Me coloqué frente a mi Amo a la altura de sus tobillos, nos clavamos las miradas y empecé a lamer esos piecitos tan atildados y suaves. Lamí uno a uno todos los dedos. Luego me metí un par de ellos en la boca y poco a poco me fui introduciendo el resto, uno más a cada lametón que le daba. Finalmente acabé con todos los dedos de su pie izquierdo en el interior de mi boca. Suerte que sus pies son recogiditos porque si no sería casi imposible haber realizado tal proeza.
Besé y lamí su planta, sus dedos de nuevo, hundía mi rostro en él. Estuve un buen rato con mi lengüita distraída en su pie. Le llegó el turno al otro. Podía sentir como la respiración de mi Amo se aceleraba mientras besaba con devoción aquel maravilloso pie derecho. Los tiene tan bonitos que para mí fue todo un placer que mi Señor me dejara disfrutarlos.
Años atrás, antes de conocer a mi Señor, ya os digo yo que ni me hubiera acercado a ellos. Hubiera sido una gran humillación que ni por todo el dinero del mundo hubiera realizado. Verme allí, de rodillas, chupando unos pies, haciendo lo imposible, dedos, plantas, talón, por lograr el brillo. Hubiera sido muy denigrante, ultrajante, deshonroso e indigno para mí que simplemente... era una mujer.
Pero...ahora....después de conocer a mi Amo....que me dio el título de "esclavita"...nada más lejos de los anteriores adjetivos. Debía de darle las gracias por darme ese placer y por disfrutar dándole placer a Él.
Sus pies me dejan siempre claro que es ese mi sitio y es ahí donde tengo que estar...a sus pies y sólo bajo ellos.
Me dijo que ya era suficiente, se levantó de la cama y me ordenó que me quitara el tanguita, que me pusiera de rodillas en el borde de la piltra cara al espejo mientras el iba a buscar la fusta de goma.
Empezó a azotarme las posaderas. Bufff, que dolor más extraño y profundo. De repente varazo en los pies. Ainssss, eso no me lo esperaba y empecé a suplicarle, como siempre que me los quiere castigar, que ..."por favor, los pies no, los pies no, por favor".
Siguió fustigándome las nalgas, golpes espaciados y con comedida fuerza, no me quiero imaginar si me diera con toda su alma.
De nuevo golpe en los pies. Yo intentaba hundirlos en la cama para que el colchón amortiguara un poco el impacto mientras le seguía suplicando que los ignorara con voz un poco llorosa.
En serio, es que no lo soporto y parece ser que contra más se lo digo más los disfruta.
Se debió percatar entonces de lo pulida y morenita que tenía la espalda y decidió darle un poquito de rubor rosita.
Me encanta que castigue mi espalda, no lo voy a negar. Me hace sentir poderosa, es una sensación de fortaleza que me recorre la mente. Me hace estar orgullosa de que mi Amo la pueda castigar sin quejarme como una tierna princesita.
A veces me acuerdo mis primeras veces que mi Señor me decía:
- " ¿Qué eres, una mujer o una niña?
Demuéstrame lo que eres".
La verdad es que me llegaba muy a dentro y me hacía enfadar con mi ego, era entonces cuando empezaba a comportarme como una verdadera mujer no como una cría quejica.
Se puso entonces delante mío, me besó, empezó a insultarme y a hundir sus dedos en mi vagina.
Yo estaba chorreando. No entiendo como es que mi Amo me pone tan cachonda, me convierto en una fuente con sólo el hecho de pensar en Él.
Me insultaba mientras seguía masturbándome con fuerza.
Como era normal, en el estado que yo permanecía hacía rato, me corrí muy rápido. Me puso la correa velozmente y me bajó hasta el suelo.
Caminando como una perrita me llevo directa a la Cruz de San Andrés.
Ni me ató porque sabe lo obediente que es su perra y no necesita cuerdas para que se esté quieta y en la postura que Él ordene.
Enganchó la correa de pasearme a una argolla que pendía del techo y fue poniéndola tibante hasta que comprobó que mis pies se aguantaban sólo con la punta de los deditos.
El collar se me clavaba, me faltaba de nuevo el aire. Mi Amo continuó con sus artes masturbadoras en mi vagina (cosa que no me disgustaba nada de nada). Creo que fue la corrida más larga de toda mi existencia. Gemía sin fuerza por la falta de oxígeno pero no podía parar de emanar chorros que recorrían mis piernas y encharcaban el suelo.
Ni me acuerdo las veces que me corrí pero creo que aún podría estar ahí inundándolo todo. Es un placer tan grande y duradero. Dura mientras mi Amo ordene, soy como un SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida) que no se para nunca hasta que mi Señor decide que ya ha sido suficiente.
Algún día tendría que probar mi resistencia porque parece casi imposible que pueda emanar tanto flujo de una parte tan pequeña del cuerpo llamada "coño".
Es un reto que le propondré a mi Señor...a lo mejor es necesario alargar la estancia en la mazmorra para ello, jejeje.
Me soltó entonces de la polea y me arrodilló.
Metió su miembro en mi boca y empecé a chupar, bueno a chupar....me la metía y sacaba con tanta profundidad que mi lengua no tenía opción de hacer mucho. Me la metía hasta que me tocaba lo más profundo de la garganta y la mantenía ahí hasta que mis ojos emanaban lágrimas. Por suerte he aprendido ya a aguantar rato con su pollón en lo más hondo de mi cavidad bucal.
Tengo ya el 2º grado de apnea de buceo convalidado, seguro.
Estuvo un gran rato hurgando, metiendo y sacando, soltándome improperios que me ponían a cien.
De repente me la arrebató y me llevó directa a la pared de enfrente de la cama.
En el trayecto, de rodillas, ha buen ritmo y casi arrastras, me dio la sensación de que se me había salido alguno de los pendientes, (prometo que vi algo volar).
Súbitamente espeté toda nerviosa:
- "Un momento, un momento",
Mientras, miraba a mi alrededor buscando algo que no sabía que era. Fue un escaneado rápido porque ipso facto me di cuenta de que no era el momento, que ya lo buscaría, que lo que fuera no se iba a mover de ahí.
Me sentí culpable de haber tenido ese impulso en ese momento, hoy por hoy aún me hace sentir mal el haber tenido ese estímulo, reacciones humanas que poco a poco acabaré puliendo del todo.
Mi Amo no se enfadó porque entendió que podía ser algo importante lo que estaba perdiendo pero....ante mi Amo...no hay nada más importante que Él.
Me puso el antifaz rojo que me regaló la primera vez que nos vimos a solas en un hotel y me pidió que pusiera mis manos por encima de la cabeza, que estuviera calladita y sobre todo que no me moviera.
Mi Amo se paseaba por la sala, lo notaba, lo oía. Hubo un momento en el que me molestaba el antifaz y me lo intenté colocar bien a la vez que oía a mi Amo chillarme enfadado:
- ¡No hagas eso!
- Perdón, mi Amo, no volverá a suceder es que me molestaban las pestañas
- ¡Me importa una mierda lo que te moleste, te he dicho que no te muevas y así debe de ser, obedece!
- Perdón de nuevo mi Amo, lo se, no me moveré más, pido disculpas otra vez.
Por un momento me entró un poco de miedo y sensación de respeto profundo. No sabía las consecuencias que ello podría acarrear y...ya había cometido otro error antes al pararme a buscar minas.
Yo oía como atravesaba la mazmorra y sentí su proximidad, sobre todo al notar el golpe que me dio con la vara para que colocara los brazos bien pegaditos a la pared sobre mi cabeza.
- ¡Colócate bien, puta!
Me abofeteó y el acto reflejo hizo que aproximara de nuevo mis codos hacia la cara para cubrirme. Me volvió a ordenar firmemente que me pusiera bien erecta y me atizó de nuevo bajo el brazo, justo donde acaba la axila.
Al día siguiente pude ver las marcas de la goma bajo mis alitas.
Me agarraba del cuello mientras mis brazos se veían obligados a mantener la forma de triángulos sobre mi cabeza.
Me comentó entonces que me iba a enseñar a hacer algo que aún tenía que aprender.
Me cogió de la mano y yo le seguí con pasitos cortos sin tener ni idea de lo que mi Amo quería.
Se puso a cuatro patas sobre la cama, acercó mi lengua a su culo y me dijo que lamiera.

Es algo que sólo le he realizado un par de veces por lo que sí...mi Señor tenía razón, tengo que aprender, nadie nace enseñado pero...como siempre pongo muchas ganas en todo me puse de nuevo manos a la obra.
Ummm, bueno, mejor dicho, "lengua a la obra".
Mi Amo me iba guiando, por suerte. Me decía como tenía que mover la lengua, como tenía que lamerle, darle mordisquitos y poco a poco su esclavita se fue poniendo las pilas.
Por los gemidos diría que no le desagradó. Creo que fue el comienzo de una gran enseñanza que pienso practicar más a menudo.
Reconozco que soy una personita difícil de someter en el día a día, manejable sí pero rebotona (palabra inventada por mí). Pero al llegar ante mi Amo, todo eso queda atrás. Me convierto en lo que Él desee tener. Una dulce niñita con coletas o una perra fiel lamedora...
Me arrastro, me excito,, me froto...me "dejo hacer"...y hago lo que me "ordena hacer".
Ser suya es mi elección...servirle es mi placer...
Me doy completa...me entrego sumisa. Confío totalmente en mi Señor.
Yo se que Él no busca la perfección, busca entrega, lealtad y ganas de evolucionar. Y yo intento siempre evolucionar al máximo para mi Señorito .
Le escogí a Él, porque me di cuenta de que encontró mi punto débil y es el Único que descubrió esa forma de calmar mi alma indomable.
Te escogí a Tí, mi Señor, porque me di cuenta de que valía la pena...valía los riesgos...valía la vida...
Cuando mi Amo creyó justo el tiempo que le debía dedicar a su parte trasera me cogió y empezó a azotar la mía con su mano derecha con fuerza y ganas hasta que me lo puso de nuevo bien coloradito, preparado, al rojo vivo como a mi Señor le gusta.
Yo emitía grititos e intentaba apartarme pero Él seguía incansable con ese arranque de fuerza y rapidez. Finalmente me pidió amablemente que me tumbara boca arriba. Sentía un gran escozor en mis posaderas. Cogí la sábana y la fui poniendo casi sin desplegar bajo mi cuerpo. Poco a poco la iba situando cada vez mejor para intentar no tocar el negro látex del colchón.
Mi Amo había ido a buscar una bola roja muy grande que tengo. Pertenece a un arnés que agarra toda la cabeza pero mi Amo sólo ató la correa que sujeta la bola por detrás de la cabeza. No se iba a complicar la vida con hebillas y cierres varios si el servicio que le iba q proporcionar iba a ser el mismo.
Ya he comentado en otras ocasiones que mi Amo no es muy dado a manualidades por lo que yo siempre intento ponérselo lo más fácil posible. Al igual que con los zapatos, siempre intento llevar los más fáciles de quitar sin necesidad de perder el tiempo ni la paciencia.
Él me metía la bola bien dentro y yo intentaba con la lengua que no fuera tanto. Me metió el dedo gordo empujándola con fuerza para situarla lo más adentro posible y se me abalanzó encima de mí insultándome e introduciendo su gran polla en mi chorreante vagina.
Siempre me la mete a lo bestia...síiii...lo reconozco....me encanta.
- ¡¡¡Voy a violarte, puta!!!
Eso es lo que llevaba esperando su zorra hacía meses.
Intentaba salir de debajo de Él, chillaba, me movía como una culebra cuando intenta escapar de su acosador. Tanto fue el esfuerzo de escapar que llegó un momento que la gran bola roja empezó a quitarme el aliento y me empezó a agobiar.
Mi Amo me dijo de quitármela pero...no...aún podía resistir y sufrir un poco más. No me iba a rendir tan fácilmente.
Me siguió invistiendo con todo su vigor y energía.
Tardé sólo dos minutos más, que se me hicieron eternos, en deshacerme de la esfera roja que impedía mi respiración.
Mi Amo siguió hasta que se apartó, momento en el que....yo ya no podía más y mi cuerpo explotó de nuevo en otra corrida que dejó la sábana con necesidad de un doble centrifugado.
Que placer más increíble.
Recuerdo tantas veces cuando conocí a mi Amo. Aún no éramos nada pero ahora lo somos todo. En seguida cogimos confianza y el me comentó lo mucho que me iba a hacer disfrutar.
-Disfrutarás como nunca, sentirás cosas que jamás has sentido.
Yo pensé que era un poco engreído y fantasmilla pero...que razón tenía mi Señor. Nunca en la vida había disfrutado tanto. No sólo carnalmente si no emocionalmente. No es solo cuerpo si no alma.
La unión de esas dos cositas, los deseos, los anhelos, los sueños.
Algo paranormal y maravilloso de lo cual no quiero prescindir jamás de los jamases.
Mi Amo se colocó de rodillas y su sumisa acabó de darle placer a su Señor de la manera más deleitosa.
Su leche recorría mi garganta y se derramaba por mis labios.
Esa temperatura, ese sabor....lo pienso y me caliento de nuevo, ésto es un sin vivir.
Reímos como siempre que le termino de sacar toda la esencia y nos recostamos un ratito abrazados para recuperar el aliento y no soltar la sonrisa.
Y ahora...a esperar de nuevo el siguiente encuentro.
Ainssss...espero que no tarde mucho, por fi, por fi.
;)
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