Ummmm....
Llegaron las 15:30. Como toda buena esclava, puntualísima.
Mi Amo se retrasó un par de minutillos (cosa inusual en él), tuvo una mañanita espesa y con su útil móvil al 1 % de batería desde hacía un par de días. Ya se sabe, cosas de la tecnología. Pero...allí estaba su perrita fiel esperándolo ansiosa y nerviosa, como no.
Picamos, nos viene a abrir el chico M. Un individuo con cara entre dormido y despistado. Nos atiende amablemente como siempre. Yo paso a la mazmorrita dejando espacio a mi Amo para que pueda ultimar pequeños detalles con M.
Nada más entrar me dedico a exponer todos los artilujios de mi maletín sobre la cama. Una cama antigua a la que no le irían mal unos pequeños cambios. Unos barrotes en lugar de ese amplio y espeso cabezal que parece sacado de una película de castillo del terror. Cubierta con un plástico negro que no me ofrece mucha confianza de pulcritud. Pero total...para lo que la vamos a usar (sólo como escaparate de los diversos utensilios de castigo y placer).
A los pocos minutos, aparece mi amado Amo. Me abraza, me besa, yo se que el me quiere aunque luego me castigue, "No pain no gain". Por eso mismo lo hace. Además, yo necesito mucha disciplina porque me disperso muy rápidamente.
Hacía tiempo que no compartíamos un largo ratito a solas debido a las vacaciones de principios de Diciembre. Dos semanitas que se me han hecho eternas. Notando a diario su ausencia, sus manos, sus besos, sus azotes....a todo Él.
Mientras yo me desnudo Él se dedica a redecorar la mazmorra. Poniendose todo lo que va a a necesitar bien cerquita para no tener que perder nada de tiempo localizando las piezas de castigo.
Yo voy observando como coloca el oratorio cerca de la estructura de madera cuadrada llena de argollas de metal en las columnas y una gran argolla que surge del centro.
Bufff...pasaron los días y..... me fue imposible seguir deleitando con mi relato de la mazmorrita
Llegaron las 15:30. Como toda buena esclava, puntualísima.
Mi Amo se retrasó un par de minutillos (cosa inusual en él), tuvo una mañanita espesa y con su útil móvil al 1 % de batería desde hacía un par de días. Ya se sabe, cosas de la tecnología. Pero...allí estaba su perrita fiel esperándolo ansiosa y nerviosa, como no.
Picamos, nos viene a abrir el chico M. Un individuo con cara entre dormido y despistado. Nos atiende amablemente como siempre. Yo paso a la mazmorrita dejando espacio a mi Amo para que pueda ultimar pequeños detalles con M.
Nada más entrar me dedico a exponer todos los artilujios de mi maletín sobre la cama. Una cama antigua a la que no le irían mal unos pequeños cambios. Unos barrotes en lugar de ese amplio y espeso cabezal que parece sacado de una película de castillo del terror. Cubierta con un plástico negro que no me ofrece mucha confianza de pulcritud. Pero total...para lo que la vamos a usar (sólo como escaparate de los diversos utensilios de castigo y placer).
A los pocos minutos, aparece mi amado Amo. Me abraza, me besa, yo se que el me quiere aunque luego me castigue, "No pain no gain". Por eso mismo lo hace. Además, yo necesito mucha disciplina porque me disperso muy rápidamente.
Hacía tiempo que no compartíamos un largo ratito a solas debido a las vacaciones de principios de Diciembre. Dos semanitas que se me han hecho eternas. Notando a diario su ausencia, sus manos, sus besos, sus azotes....a todo Él.
Mientras yo me desnudo Él se dedica a redecorar la mazmorra. Poniendose todo lo que va a a necesitar bien cerquita para no tener que perder nada de tiempo localizando las piezas de castigo.
Yo voy observando como coloca el oratorio cerca de la estructura de madera cuadrada llena de argollas de metal en las columnas y una gran argolla que surge del centro.
Bufff...pasaron los días y..... me fue imposible seguir deleitando con mi relato de la mazmorrita
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