15 de Enero

Como todos los días, veo un ratito a mi Amo en la kitchen. La kitchen sería la antesala a nuestro pequeño suburbio.
Mi Amo me reclama y yo encantada voy a satisfacer sus deseos.
Llegamos justo a la vez, yo entro primero (ya que tengo la única llave de apertura y cierre de la sala).
Acto seguido entra mi Amo, cierra la puerta sin ni siquiera encender la luz y yo me arrodillo de inmediato. Hace que me pasee a 4 patas, yo, como siempre, sufro por si me mancho o dejo alguna huella en mi ropa de cualquier suceso que acontezca. Por suerte sólo me hace dar una vueltecita, me pide que me levante y me apoya contra la pica. Empieza entonces a masturbarme con fuerza. La perrita está siempre preparada para su Amo. Empieza a recordarme lo perra que soy. Yo intento aguantar los alaridos que me suben desde lo más profundo de mi coñito. Mi Amo me introduce 3 dedos en la boca y me tapa la nariz a la vez para ahogar los seguros chillidos que hubieran surjido si me deja el conducto libre.
Intento aguantar la corrida, miro de pensar en otra cosa para no mojar mi ropa interior pero....es evidente que no me va a ser posible dejarla sin empapar. Mi Amo me pide que aguante. Lo intento por todos los medios pero...imposible, sólo puede controlar un 30% de los jugos de mi corrida.
Empapo el tanguita y noto como se me escurren ardiendo por las piernas para acabar finalmente mojando también mis botas.
Le comento a mi Amo que ¿Qué hago ahora? y me contesta tranquilamente que no es su problema, que como toda buena perra tengo que aprender mucho y que Él ya se tiene que ir y que me apañe.
Y allí mismo me deja chorreando sin más.
Ainssss, que apuritos me hace pasar siempre mi Amo, pero yo...lo quiero con locura.
Y si...finalmente me apaño, encuentro unas servilletitas de algún antiguo catering y....me seco como puedo para estar lo más sequita y decente en mi recepción.

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